Carol Salgado extiende su dedo acusador y señala el cielo. "No puede ser", gritan con pánico los peatones. No puede ser. No, no puede ser, Dios mío. Pero lo es.
El mayor pecado no se produce cuando se comete un error al escribir, sino cuando no se corrige el yerro. No existen los malos o los buenos escritores, solo están los que redactan con propiedad o los que viven sin esta.
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