domingo, 4 de octubre de 2009

Gerundiando


Les entrego estas aclaraciones sobre el gerundio. Lo extraje de FUNDÉU.
Gerundiando
El mal empleo del gerundio es una de las enfermedades más frecuentes y repelentes de nuestro idioma. Se manifiesta de diversas maneras:

1) Es incorrecto utilizarlo para describir un resultado o una consecuencia de la acción principal (gerundio de posterioridad). Ejemplo: - El bus se estrelló, resultando heridos varios pasajeros. Lo correcto sería: - El bus se estrelló y resultaron heridos varios pasajeros.

2) También es incorrecto el uso del gerundio que especifica a un individuo dentro de un grupo (gerundio de especificación). En este caso, el gerundio reemplaza a la forma que + verbo en forma personal y adquiere una función de adjetivo que es impropia del gerundio. Resulta incorrecto decir: - La maleta conteniendo mis camisas es la roja. Lo correcto sería: - La maleta que contiene mis camisas es la roja.
3) Otro error es el del gerundio que hace las veces de adjetivo y califica al sustantivo de la frase (gerundio con función atributiva). Por ejemplo: - Llamé a la empresa promoviendo la venta de casas. Lo correcto sería: Llamé a la empresa que promueve la venta de casas. En general, ningún verbo puede emplear la forma de gerundio para reemplazar un adjetivo. Está mal: - El agua burbujeando me hace daño. Una casa ardiendo me aterra. Pero ojo a las excepciones: dos sinónimos de los anteriores (hervir y arder) se consideran correctos cuando cumplen funciones de adjetivo.
Está bien decir: El agua hirviendo me hace daño. Una casa ardiendo me aterra. También se considera correcto utilizar el gerundio adjetival cuando se trata del título de una obra de arte (cuadro, texto, capítulo de texto, ópera, zarzuela, canción, película, fotografía): Apolo visitando la fragua de Vulcano, Cantando bajo la lluvia. Y es aceptable en pies de fotografía o de ilustraciones, pues se supone que está implícito el verbo principal (ver, aparecer, tener...): (Vemos a) Nadal recogiendo la copa en medio de los aplausos.
Receta:
Primer consejo general: el gerundio es peligroso. A menos que tenga claridad sobre su uso, procure huir de él cuando le sea posible.
Segundo consejo general: casi siempre que el gerundio es el segundo verbo de una frase y está directamente conectado con el primero es correcto. Por ejemplo: Ha seguido cantando vallenatos.
Tercer consejo general: suele ser aceptable cuando responde a la pregunta ¿cómo?. Es decir, cuando cumple un trabajo adverbial que explica o describe: El huracán llegó derribando árboles.
Cuarto consejo general: intente reemplazar el gerundio por la forma que + conjugación verbal. Ejemplo: - El perro flaco gruñendo al niño está rabioso. Es incorrecto el gerundio, por realizar funciones especificativas. Pero es correcto aquí: - El perro flaco que gruñe al niño está rabioso. También está bien: - El perro flaco gruñendo se defiende (¿Cómo se defiende el perro flaco? Gruñendo).

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Tildes del mundo, ¡uníos!

La cacería de errores ortográficos continúa. Bianca Valer nos muestra dónde debe ser escrita la tilde.

Bianca nos dice: "No es suficiente con mirar bien".

Kelly Sánchez nos enseña que tan bajo puede caer el dólar.

Esta bien que haya ofertas, pero no es para tanto: la tilde tiene su precio.


Melissa Boguinski nos entrega esta perlita. Espero que no nos atrape el alcalde de Surquillo.

En la siguiente fotografía, necesitas tus dedos para contar los olvidos

Contra la indiferencia y el olvido, tildes del mundo, ¡uníos!

domingo, 20 de septiembre de 2009

Julio Villanueva Chang y la crónica


Julio Villanueva Chang, fundador de Etiqueta Negra, es uno de los mejores cronistas vivos en habla española. Así que nadie mejor que él para hablarnos sobre la crónica. Copio algunos fragmentos de la entrevista realizada en La Prensa Gráfica. Si la quieres completa, sigue este enlace.



(Prensa Gráfica) ¿Cuál es el papel que deberían de cumplir la crónica y el cronista?
(Julio Villanueva Chang) No me gusta predicar sobre el deber, y menos adivinar el futuro: nos gustan tanto las profecías que nunca se cumplen. Solo puedo decirte lo que por lo menos intento, de cuando en cuando, hacer yo: contar una buena historia y descubrir cosas y desengañar a través de ella. Dar sentido al caos de las noticias y los rumores. Convertir el dato en conocimiento, y un acontecimiento en una experiencia personal. Y por supuesto, divertir. La gente en una crónica no busca historias porque le guste leer: la gente busca experiencias. Y escribimos historias en parte para intentar dar sentido y lógica a una experiencia. Más que dar noticias, una buena crónica transmite una experiencia.

¿Se puede definir la crónica en pocas palabras?


La crónica es un género camaleónico y excéntrico. De ahí que Juan Villoro la definiera como el ornitorrinco de la prosa. Pero en tiempos de confusión, una crónica ya no es tanto un modo entretenido de enterarse de los hechos, sino que sobre todo es una forma de traducir el mundo. Cuando se propone ir más allá de la narración y adquiere un vuelo ensayístico, una crónica es también una forma de conocimiento en el que los hechos conviven con la duda y la incertidumbre. En ese sentido, me gusta otra definición de Villoro que dice que la crónica es el sentido común del futuro. En el siglo XXI, un cronista ya no es solo un buen escritor de la información. Su desafío es ser un reportero y traductor de los acontecimientos, pero desde una perspectiva de juego de dominó en la que los hechos locales son parte de una tendencia global, es decir, de “lo glocal”, entendiendo a un cronista como una especie de GPS, un orientador en el caos de noticias y rumores. Ya no es tan admisible que, en nombre de la urgencia y la objetividad, la mayoría de los reporteros dedique su tiempo a historias cuyo máximo sentido de verdad se constriña al trabajo notarial de reportar hechos incontestables, tipo verdadero o falso. Su reto es narrar los hechos de tal forma que lleven a un lector a entender qué encierra un fenómeno y sus apariencias, pero tomándose la molestia de no aburrir con ello.


En un plano muy personal, ¿tienes la sensación de que se está trivializando la crónica?


No. Hay muchos cronistas triviales, pero la crónica no es trivial. Los periodistas y los medios y los editores son los que la trivializan, no la crónica.

Hay como dos grupos de cronistas: los que hacen descansar sus textos en el reporteo exhaustivo y los que se apoyan más en su manejo del lenguaje.


Eso es una forma gruesa de decirlo, porque, como decía Víctor Hurtado, aún hay más estilistas en las peluquerías que en la prensa escrita. Hay autores que en algún momento no han querido salir tanto a la calle a hacer un reporteo puerta por puerta y que se preocupan más por el ingenio y el lenguaje. Pero esos mismos autores, en otro momento, pueden preferir hacer un descomunal trabajo de campo y dedicar menos tiempo a trabajar el lenguaje o incluso creer que si lo trabajan en exceso van a oscurecer su exploración de la realidad. Lo que quiero decir es que no me parece muy justo dividir a los cronistas en intelectuales y obreros, con todos los malentendidos que ello supone. Sino que, de acuerdo con la exigencia propia o la de los editores de una publicación, un cronista elige experimentar más en el reporteo o en el lenguaje.

Relatos que se hacen en horas y otros que requieren de meses reciben el mismo nombre: crónica.


El tiempo de trabajo en un tema no es lo que determina el género. En algunos casos, el tiempo invertido puede determinar la calidad, pero no el género en sí. Si alguien cuenta una historia que tiene una intriga, un clímax y un final, y casi todo es verificable, eso ya una crónica. Aunque se haya reporteado y escrito en la misma tarde.

Seguro que te ha pasado que cuando vas dos, tres o 10 veces a un mismo lugar a hablar con la misma gente, cada día percibes realidades distintas, opuestas a veces. Y si eso ocurre, ¿cómo fiarnos de la primera impresión que es el material de trabajo del cronista de un diario?
Algo parecido me pasó en un perfil que hice al alcalde ciego de la ciudad de Cali. Lo visité dos veces, con seis meses entre el primer y el segundo encuentro, entrevisté a unas 50 personas y esa diversidad me permitió descubrir matices en el personaje, al punto que tuve que corregir varios detalles de mi primera versión y cambiar el sentido de mi percepción de algunas cosas que había observado seis meses atrás en él. Ser testigo del paso del tiempo y de cómo cambia la gente es el lujo de un cronista a diferencia del reportero de diario. Pero también soy un creyente en los aciertos de la intuición y de la experiencia, aunque eso depende más de tu ADN.

Una fuente se abre cuando tiene confianza con el periodista, algo que rara vez se logra con una visita.

sábado, 19 de septiembre de 2009

Otra tilde

Nathalie Fiorela nos envía la siguiente falta ortográfica.

Y ya viene...

miércoles, 16 de septiembre de 2009

George Orwell (1903-1950), escritor y periodista británico, reflejó en sus escritos la lucha del hombre contra las normas establecidad por el poder político. Sus novelas 1984 y Rebelión en la granja dibujan las fuerzas burocráticas y totalitarias que controlan el destino del hombre.

Melissa Boguinski nos ha enviado algunos consejos impartidos por Orwell para poder escribir mejor:

Reglas a seguir cuando el instinto del escritor falla
por
George Orwell

1. Si es posible eliminar una palabra, elimínala.
2. Nunca utilices una palabra larga cuando una corta te haría el mismo servicio.
3. Nunca utlices una voz pasiva pudiendo utilizar una activa.
4. Evita palabras extranjeras o técnicas.
5. Nunca utilices una metáfora que hayas visto ya impresa.
6. Rompe estas reglas para evitar que lo que escribas semeje un galimatías.
Para tener en cuenta.

Yo acuso

Carol Salgado extiende su dedo acusador y señala el cielo. "No puede ser", gritan con pánico los peatones. No puede ser. No, no puede ser, Dios mío. Pero lo es.


Al menos no lo escribieron con "x".


Y todavía faltan muchos más.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Para sacar roncha a Martha Hildebrandt



Esta es la foto que presenta un sitio en Facebook contra las faltas ortográficas en la vida urbana. Visiten Para sacar roncha a Martha Hildebrandt y les aseguro que sabrán el motivo del gesto de Martha Hildebrandt.

¡No lo vean!